A MODO DE CONCLUSIÓN

Voy a terminar con unas frases de Edward Hallet Carr [¿Qué es la historia?, Conferencias “George Macualay Trevelyan”  dictadas en la Universidad de Cambridge en enero-marzo 1961, edición definitiva. Editorial Ariel, Barcelona, 1987, pp. 25, 59, 60, 61],  uno de los más eminentes historiadores de nuestra época y una de las figuras intelectuales que mayor influencia política han  ejercido (*).

Explica  Carr que la historia requiere la selección y el ordenamiento de los hechos referidos al pasado, a la luz de algún principio o norma de objetividad aceptado por el historiador, que necesariamente incluye elementos de interpretación. Sin esto –señala el maestro- el pasado se disuelve en un informe montón de innumerables incidentes aislados e insignificantes, y no es en modo posible escribir la historia. Sigue diciendo que se reconoce al historiador el derecho a fundarse en las que se han llamado “ciencias auxiliares” de la historia -la arqueología, la epigrafía, cronología, entre otras disciplinas- para señalar que los llamados datos básicos, que son los mismos para todos los historiadores, mas bien suelen pertenecer a la categoría de materias primas del historiador que a la historia misma.

Hay un dicho favorito del gran periodista liberal Charles Prestwich Scott (**): “Los hechos son  sagrados, la opinión libre”, pero  contesta Carr  que todo periodista sabe hoy que la forma más eficaz de influir en la opinión consiste en seleccionar y ordenar los hechos adecuados. Y continua: “Solía decirse que los hechos hablan por sí  solos. Es falso, por supuesto. Los hechos sólo hablan cuando el historiador apela a ellos: él es quien decide a qué hechos se da paso, y en qué orden y contexto hacerlo. Si no me equivoco, era un personaje de Pirandello quien decía que un hecho es como un saco: no se tiene de pie más que si metemos algo dentro”.

Efectivamente, con relación a los predescubrimientos de América por el Pacífico, hay que agradecer el inmenso trabajo que han llevado a cabo los historiadores sudamericanos  Dick Edgard Ibarra Grasso, Enrique de Gandía, Paul Gallez, Gustavo Vargas Martínez, Jaime Errázuriz Zañartu; y el estadounidense Gary Urton, además de otros muchos que han estudiado el pasado de Sudamérica desde diversos ángulos. Lo cierto es que yo he llevado a cabo  un estudio de las obras de los autores citados, especialmente las de mi amigo y maestro Paul Gallez, desde las que me he podido proyectar  hacia otras informaciones que desconocía, de manera que espero haber llenado el saco del cual nos habla el Dr. Carr. No sé si  lo he conseguido, pero, al menos, he intentado resumir una serie de investigaciones que ayudarán, espero, a llenar un vacío histórico. Para ello he  utilizado los datos de hechos referidos al pasado de Sudamérica bien contrastados y  ya publicados. Pienso que  hay historiadores en Europa y en Estados Unidos que conocen  la conexión asiática con Sudamérica antes de la llegada de Colón en 1492,  pero callan y se  guardan la información, no sea que llegue al gran público y conozca la verdad. Espero y deseo que Internet abra las “puertas y ventanas cerradas” y entre, de una vez por todas, el aire fresco

(*) Inglaterra, 1892-1982. Es autor de la monumental  obra maestra, “History of Soviet Russia”.

(**) Inglaterra, 1846-1932. Liberal y director del Manchester Guardian durante 35 años.

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