AL-JUARIZMI

Matemático y geógrafo, al-Juarizmi entró muy joven al servicio de al-Mamún en la Dar al Hikma o Casa de la Sabiduría de la Gran Biblioteca de Bagdad. Su obra principal fue terminada en el año 833 d.J C.,  se llama Kitab Surat-al-Ard  o Libro de la imagen de la Tierra. Al-Juarizmi estudió, enmendó y completo la obra de Ptolomeo como éste había tratado la de Marino de Tiro. Las tres son esencialmente listas de coordenadas de ciudades y demás lugares geográficos con una introducción general.

Una de las correcciones de al-Juarizmi a Ptolomeo es la reducción de la longitud del Mediterráneo de 62º a 52º, cuando la realidad es de 42º solamente. El árabe elige el mismo meridiano cero que Ptolomeo: el de Canarias. Su ecumene (conjunto de tierras habitadas por el hombre) se extiende también sobre 180º.

Del Kitab Surat al Ard, la obra principal de al–Juarizmi, se conoce actualmente una sola copia que se conserva en la Biblioteca de la Universidad de Estrasburgo  bajo el signo L. Arab. Cd. Spita 18. El título completo es en traducción: “Libro del aspecto de la Tierra en cuanto a ciudades, montañas, mares, todas las islas y los ríos, escritos por Abu Jafar Mohamed  ben Musa al Juarizmi, según el tratado de Geografía compuesto por Ptolomeo el Claudiano”.  “El Claudiano” significa, según opinión de al–Juarizmi, que el geógrafo Ptolomeo descendía del emperador Claudio.

El libro empieza por la lista de latitudes y longitudes, por orden de “clima”; es decir, por fajas de latitudes y, dentro de cada clima, por orden de longitud. Este método,  excelente –señala Paul Gallez-,   permite deducir muchas latitudes y longitudes donde el único manuscrito se halla en tan malas condiciones que lo vuelven poco legible.

El manuscrito de Estrasburgo no contiene el mapamundi, como tampoco lo tiene su traducción latina en el Ms. 10016 de la Biblioteca Nacional de Madrid. La lista de las coordenadas, que constituye de hecho todo el libro, permite reconstruir el mapa perdido. A esta tarea se ha dedicado Hubert Daunicht [Der Osten nach Erdkarte al Huwarizmis: Beiträge zum historischen Geographie Asiens, Bonn, Universität 1968].

Daunicht lee las longitudes y latitudes en los puntos de la costa en el manuscrito, o las deduce del contexto cuando son legibles. Las traslada al papel milimetrado y une los puntos por segmentos de rectas, obteniendo así una aproximación a lo que era la línea de la costa en el mapa perdido. Hace lo mismo para los ríos y ciudades.

La mayor parte de los topónimos de al-Juarizmi se corresponden con los de Ptolomeo, Martellus y Behaim. La forma general de la costa es la misma entre Trapobana y Cattigara. La costa Atlántica de la Cola  del Dragón, inexistente en Ptolomeo, está dibujada sin ningún detalle en al–Juarizmi, pero es clara y precisa en Martellus y en su seguidor,   Behaim.

La única diferencia  notable  es que, en Ptolomeo, la costa Sudamericana, al sur de Cattigara, se dobla hacia el oeste para unirse con la costa africana mientras en los otros mapas  se dobla hacia el este, nordeste y norte para formar la gran península de la Cola de Dragón, es decir, Sudamérica. Esta península está también en el mapa de al–Juarizmi,  como lo muestra con toda  evidencia el dibujo de Daunicht. Hemos probado -señala Gallez-, por la identificación de los ríos y montañas que, en Martellus, esta península es América del Sur con sus dos orillas, la del Pacífico y la del Atlántico.

Según parece, después de estudiar el Estrecho de Magallanes en al–Juarizmi y en el Martellus, puede deducirse que se conocía mejor la Tierra de Fuego en Bagdad en 833 que en Florencia en 1489. 

PTOLOMEO Y EL GRAN GOLFO

Hemos visto de Henricus  Martellus, en 1489, que dibuja un mapamundi inspirándose en Ptolomeo, y que “gracias a informaciones misteriosas pero exactas y detalladas”, escribe Paul Gallez, le agrega el este, el sur y el interior de América del Sur. Sabemos, por otra parte, que al–Juarizmi, en 833, disponía también de informaciones que le permitieron enmendar el mapa de Ptolomeo agregándole el este y el sur de Sudamérica, pero de una manera inferior a la obra de Martellus para la línea de las costas, y casi sin red fluvial.

Claudio Ptolomeo nació probablemente en el Alto Egipto hacia el año 100 de nuestra era; vivió la mayor parte de su vida en Alejandría, en donde ocupó un lugar destacado  en el mundo de las ciencias como matemático, astrónomo y geógrafo, y murió en Canopo alrededor del año 178. Entre sus numerosas obras la que más nos interesa es la Geographike Hyphegesis o Introducción al trazado de un mapa del ecúmene, o Introducción a la Cartografía Mundial. La Geografía, en el sentido que tenía en la Antigüedad, consistía principalmente en medir latitudes y longitudes y trasladarlas a un mapa. Es lo que hoy se llama Cartografía, pero solamente a escala mundial. 

La obra cartográfica de Ptolomeo pretende ser una crítica, una corrección y una puesta al día de la obra de Marino de Tiro. La Geographike Hyphegesis se compone de ocho libros. El primero contiene indicaciones de las fuentes  y principios generales para la construcción de un mapa del mundo. Los libros siguientes son largas tablas de longitudes y latitudes de todas las ciudades, cabos y otros puntos importantes del mundo, tomando por meridiano inicial en el extremo oeste el de Canarias.

El más antiguo manuscrito griego conocido data del s. XIII; es el del Monasterio Vatopedi en el Monte Athos, en Grecia. Uno de los mejores  que se ha conservado  es el Codex Vaticanus Vindobanensis Parisini, copiado probablemente en 1401.

Se ha discutido si Ptolomeo, además de escribir su libro de cartografía, había dibujado también los mapas correspondientes. La cuestión parece resuelta por la aceptación casi general de la tesis según la cual los mapas  que acompañan ciertos manuscritos de la obra han sido dibujados por Agathodaimon (el Buen Espíritu),  de quien, a su vez, se discutió si era contemporáneo y colaborador de Ptolomeo o si  vivió en el siglo siguiente.

En el planisferio de Ptolomeo, la India Meridionalis, o sea Sudamérica, está representada solamente en su costa pacífica desde 17º de latitud norte (Mesoamérica) hacia el sur. A 8º30’ de latitud sur se encuentra Cattigara. Desde allí,  la costa toma la dirección sur, como lo hace efectivamente hasta la costa chilena a partir de Arica. Los océanos Índico y Pacífico forman un solo mar cerrado y las tierras del sur del mismo constituyen el continente Antártico sin más límites que el marco del mapa. A pesar de creer en la esfericidad de la Tierra, Ptolomeo hace terminar este mundo, según las ediciones, en 14º o en 20º de latitud sur, pues  cree que el ecúmene no puede tener más de 90º de extensión latitudinal ni  más de 180º  de extensión longitudinal.

Paul Gallez, que ha seguido la trayectoria del Océano Pacífico desde el mapa de Sanuto de 1574, y que lo ha visto denominado Sinus Magnus en el mapa de Ortelius de 1574, no tiene ninguna dificultad en reconocer este  Océano  Pacífico en el Megas Kolpos de Ptolomeo. El Megas Kolpos se llama Sinus Magnus desde la traducción del griego al latín de la Geographike Hyphegesis  por Chrysolaras y su difusión por Jacobo Angelo en 1440. Sinus Magnus significa lo mismo que Megas Kolpos: Golfo Grande. Y añade Paul Gallez que en un diccionario español del siglo XIX hay una traducción más libre que es también una interpretación muy acertada: Sinus Magnus – Mar del Sur, lo que equivale a decir que el Sinus Magnus es el Océano Pacífico. Cristóbal Colón, curiosamente, en el cuarto y último viaje descubridor y navegando por el Istmo de Panamá,  buscó con ahínco el mar del Sur [Nito Verdera, Cristóbal Colón originario de Ibiza y criptojudío, p. 64-65, Ibiza, 1999]

Ya que el Sinus Magnus es el Océano Pacífico, el mapa de Ptolomeo incluye toda la costa de Perú y parte de la costa de Chile. Encontramos allí, al igual que en el mapa de al-Juarizmi, ríos y cabos, en particular dos cabos característicos de la costa ecuato-peruana: el Satyrorum Promontorium  o Cabo de los Sátiros, que es la Punta Aguja, y el Notium Promontorium o Cabo del Sur, que es la Punta Pariña, como ha demostrado Dick Edgar Ibarra Grasso [La representación de América en mapas romanos de tiempos  de Cristo, pp. 41 y 42, Buenos Aires, 1970].

Respecto al Océano Pacífico, es útil ver la crítica de Ptolomeo a Marino: “La distancia en millas de la travesía desde el Quersoneso de Oro [actual península de Malaca] hasta Kattigara, Marino no la da. Cuenta sin embargo que, según las indicaciones de Alexandros (lo encontraremos más adelante), la tierra, a partir de allí, está frente al sur y que, viajando a lo largo de ella , se llega en veinte días a la ciudad de Zabai, y que a  partir de allí  se navega una cantidad de días hacia el sur y más a la izquierda, hasta Kattigara” [Caudio Ptolomeo, Geografía I 14 1].

De Alexandros, un excelente historiador de la cartografía griega,  dice que “no se sabe nada, excepto salvo que es la fuente de Marino de Tiro” [Hans von MZIK: Klaudios Tolemaios: Theorie und Grundlagen der darstellenden Erdkunde... Wien, Gerold 1938].

Este vacío de información no ha impedido que los especialistas opinen sobre Alexandros  para afirmar unos que Marino lo ha conocido personalmente; otros señalan que era un comerciante griego establecido en un puerto del Mar Rojo, mientras que algunos lo hacen capitán de navegación de altura cuyo libro de bitácora había sido consultado por Marino de Tiro.

Para Paul Gallez, Ptolomeo tenía una idea preconcebida del mundo, basada en dos océanos ortogonales y,  por consiguiente,  la imposibilidad de extender más allá de 180º la longitud total del mundo habitable que se confunde con el mundo conocible. Antes de escribir su Geografía, expone Gallez, Ptolomeo se ha puesto anteojeras; ha rechazado de antemano todas las informaciones contrarias a su principio de base.

Toda la obra de Ptolomeo está basada en la de Marino de Tiro, y se ve que no ha obtenido ninguna información nueva. Se limita a copiar a Marino, discutiendo, tratando de rebatir o poniendo en ridículo las afirmaciones que indican que el mundo habitado ocupa más de la mitad de la esfera; o, mejor dicho más de un cuarto de la esfera, pues Ptolomeo conserva solamente 180º en longitud y 90º en latitud. El mismo Ptolomeo  confiesa su singular manera de actuar: “Para calcular el tamaño total hemos procedido a disminuir hasta la dimensión mencionada [180º] la parte oriental de la longitud y [hasta 90º] la parte meridional de la latitud”.

La confesión de Ptolomeo, este error voluntario del geógrafo de Alejandría,  ha tenido éxito durante muchos siglos por dos razones: porque el retroceso cultural posterior a Marino ha sido grande y largo,  y porque la obra de Marino se ha perdido mientras la de Ptolomeo ha sido conservada, tanto en el mundo árabe como en el Imperio de Oriente, y pasó al Occidente en el siglo XV. En realidad, Ptolomeo –hace notar Gallez-, al querer corregir la obra de Marino, ha conseguido solamente empeorarla. Sin embargo, la posteridad honró y todavía honra más a Ptolomeo.

Nocturlabi / Nocturlabio / Nightlab (Cortesía: Fundació Jaume I, Nadal, 1991)


MARINO DE TIRO Y LA RECONSTRUCCIÓN DE SU MAPA 

Muy poco se sabe de él. Claudio Ptolomeo en su Geografía y al–Masudi [Bagdad c. 888 – Cairo 957 A.D.] en su Kitab al Tanbih wa’l Israf lo menciona. El primero para copiarlo y el segundo para alabarlo y no copiarlo. La mayoría de los historiadores de la cartografía sitúan a Marino a finales del siglo I de nuestra era o alrededor del año 100. Al-Masudi era conocido como el Herodoto de los árabes,  historiador y geógrafo; escribió treinta volúmenes  de los cuales se conservan solamente tres,  y hace vivir a Marino de Tiro en la época de Nerón; es decir, entre los años 54 y 68.

La única obra de Marino que se conoce  por referencia es Diordosis tou Geographikon  Pinakos, a la cual Ptolomeo dedica quince capítulos. Las ediciones fueron muchas  y sus fundamentos teóricos se apoyan en Eratóstenes, Hiparco y en particular en Posidonio.  El título de la obra significa literalmente Correcciones al mapa del mundo o Correcciones al mapa del Ecúmene, lo que indica que Marino de Tiro quería mejorar y rectificar una o varias obras de cartógrafos anteriores. Parece que trataba de  enmendar Posidonio, y que quiso hacerlo en base a la astronomía de Hiparco y a varias relaciones de viajes recientes.

Eratóstenes y Posidonio pensaban que en la superficie esférica de la tierra deben existir varios ecúmenes, varios mundos habitados, separados por océanos infranqueables y por una faja tórrida e inhabitable. Marino se tomó la libertad de extender el ecúmene sobre 225º de longitud  y llegó a los 24º de latitud sur, lo que no dejaba lugar para otros ecúmenes. En el Este, su mundo terminaba en una tierra llamada Thina o Tierra de los Chinos. Se supone que Marino creía que la Tierra de los Chinos podía extenderse otros 45º al este de la capital [supuestamente en el centro del país], lo que daría un mundo habitado de 270º de longitud a partir del meridiano inicial de las Canarias. Este esquema deja solamente 90º entre estas islas y la costa oriental de China, lo que es un término medio entre las concepciones geográficas de Martín Behaim y las de Cristóbal Colón . De Posidonio, que vivió entre el año 135 y el 50 a.J.C, tomó Marino su medición de la Tierra. Mientras Estrabón, que vivía entre 58 a.J.C. y 24 d.J.C., se mantenía todavía en la medición de Eratóstenes, de 252.000  estadios para la circunferencia del globo; es decir, en 700 estadios por grado, Marino toma de Posidonio la circunferencia de 180.000 estadios, con el grado  de 500 estadios [Antonio Ballesteros Beretta: Génesis del Descubrimiento, tomo 3, Barcelona, Salvat 1947]. El término  estadio procede de una medida de longitud griega, equivalente a 600 antiguos pies griegos (192,27 m) o 125 pasos, exactamente la distancia que separaba los pilares del gran anfiteatro de Olimpia. 

La cuestión es saber por qué Marino, y con él Ptolomeo,  adoptaron la medición de Posidonio y no la de Erastótenes. El mapa de Posidonio, dibujado alrededor del año 60 a.J.C., nos ha sido transmitido por Dionisio Periegetes alrededor del año 125. En Posidonio la tierra forma un solo continente, y no contiene ninguna traza de la Cola del Dragón.

Lo que Ptolomeo ha tenido a su disposición, como la obra de Marino de Tiro, no parece haber contenido ningún mapa. Eran solamente unas instrucciones generales sobre la manera de construir un mapa del mundo y las tablas de posiciones geográficas. Estas tablas consisten en la longitud y la latitud de las ciudades y lugares importantes, como  hemos visto con las obras de Ptolomeo y al–Juarizmi. Con estas tablas cada lector podía dibujar su propio mapa, uniendo los puntos dados por segmentos de recta  o de curva, a su mejor parecer o fantasía. Paul Gallez, en la página 137 de La Cola del Dragón,  incluye una nueva reconstrucción del mapa de Marino de Tiro. La mitad W y cuadrante  NE es obra de Ernst Honigmann en 1930. El cuadrante  SE ha sido dibujado por el propio Gallez.

El sabio belga-argentino da por sentado que Ptolomeo no redujo las longitudes entre el meridiano de Canarias y el de la isla Trapobana, situada por Ptolomeo y, casi seguramente por Marino,  a 123º. A partir de Sri Lanka (Ceilán) hasta Singapur en la extremidad meridional del Quersoneso Oro, la distancia real es de 23º solamente. No habiendo razones para que Marino haya exagerado esta distancia, colocaremos Singapur en 146º en nuestra reconstrucción. Desde allí hasta terminar el mapa en los 225º nos queda un Océano Pacífico que tiene una anchura total de 79º, lo que justifica ampliamente su nombre de Megas Kolpos o Golfo Grande, en comparación  con el Gangeticos Kolpos, que  tiene ahora 23º, o con cualquier otro golfo del mundo. 

Nuestro autor, el descubridor de la red fluvial de Sudamérica en el mapa de  Martellus 1489, en el estudio del mapa de Marino de Tiro, llega a las siguientes conclusiones:

1. Un misterioso navegante llamado Alexandros ha traido la más antigua información conocida sobre América del Sur; la había recibido probablemente de marinos chinos en Extremo Oriente

2. Alexandros  dio en su informe, casi seguramente, la dimensión correcta del Pacífico; o sea, unos 160º.

3. Marino de Tiro fue el primer cartógrafo que representó un tramo de la costa sudamericana.

4. Marino hizo mal al reducir de 160º a 79º la anchura del Pacífico dada por Alexandros.

5. Ptolomeo hace peor al reducir 79º a 8º la anchura dada por Marino.

6.Este error de Ptolomeo se perpetuó hasta el siglo XVI.      

EL ENIGMA DE KATTIGARA          

La situación geográfica de Kattigara ha sido un problema para los historiadores de la cartografía, hasta el punto que hay trece hipótesis diferentes que lo sitúan en Asia, lo cual es la mejor prueba de su debilidad. Paul Gallez sostiene que durante siglos se han compartido dos errores:  primero, ignoraban la identificación del Sinus Magnus con el Océano Pacífico; segundo, la traducción de Ptolomeo era deficiente. Pero resulta que Claudio Ptolomeo en su libro VII, dice “Kattigara Hormos Sinon” (fondeadero de los chinos).

Por eso el Sinus Magnus no debe buscarse en China, sino allí donde lo coloca Marino de Tiro, es decir en la orilla oriental del Megas Kolpos, en la orilla oriental del Océano Pacífico, en la costa sudamericana. En las primeras ediciones de Ptolomeo y de Marino de Tiro daba al fondeadero una  latitud 8º30’ Norte, mientras en las últimas ediciones de ambos geógrafos situaban Kattigara en 8º30’ Sur. En algunos manuscritos es de 3º Sur, de modo que la confusión se reduce de un N por un S y a un 3 por un 8. Para  Paul Gallez, la red de distorsión aplicada al mapa de Martellus 1489 sitúa Kattigara al Sur del paralelo 40º S. y al norte de la bahía de Ancud (42º S y 73º W); o sea,  entre 40º S y  42º S. Kattigara se halla, en Martellus, frente a las montañas donde nacen los ríos Negro y Chubut; es decir,  entre 38º S y 42º S. Como dato curioso, señala Paul Gallez que los indígenas de la isla Chiloé, situada a 42º S, presentan rasgos faciales parecidos a los chinos.

Por otra parte, hay una región donde se juntan argumentos arqueológicos con otros toponímicos y en las latitudes de Marino de Tiro. Así, entre Chimbote y la desembocadura del río Santa en 9º S,  existe un lugar de muy antigua civilización llamada Huaca de los Chinos (Perú), que quizás evoca el Hormos Sinon indicado en esta misma latitud por Marino y Ptolomeo. Lo cierto es           que hay muchas teorías sobre la situación de Kattigara, con indicios y argumentos a su favor que no se pueden desechar, pero ninguna tiene pruebas evidentes e indiscutibles. El enigma de Kattigara, por su abundancia de indicios y falta de pruebas, es un  caso típico de protohistoria y de protogeografía.

EXPLORACIÓN DE SUD AMÉRICA EN LA ANTIGÜEDAD 

Mapas excelentes sin fuentes conocidas

Paul Gallez  expone que ha recorrido en su investigación toda la historia de la cartografía del Renacimiento europeo, la parte más interesante de la cartografía árabe medieval y de la Antigüedad greco-egipcia. En todas  ha encontrado la Cola del Dragón, entera o dibujada,  en los mapamundis. El más perfecto, sin duda,  es el de Martellus de 1489, pero hay otro netamente inferior, aunque  notable para su época, que es el de al –Juarizmi. Finalmente, el enigma de Kattigara muestra un conocimiento elemental pero real de un fondeadero frecuentado por los chinos en la costa Pacífica de América del Sur. Paul Gallez se pregunta: “¿Cuáles fueron las fuentes de información de Henricus Martellus? ¿De dónde obtuvo los datos al–Juarizmi? ¿Quién ha contado a Marino de Tiro cómo se llega a Kattigara?”

Solamente la tercera  pregunta encuentra contestación en fuentes documentales  y es muy escueta: consta simplemente de un nombre: Alexandros, de quien no sé sabe nada, salvo que por él ha sabido Marino de Tiro cómo se llega a Kattigara. En realidad, el “caso Alexandros” es un problema no histórico, sino típicamente de protohistoria.

Lo cierto es que en los mapas estudiados por Gallez,  precisamente en Martellus, al–Juarizmi  y Marino de Tiro, Sudamérica ocupa en el mundo la posición extrema del Oriente. El problema al que nos enfrentamos es, por lo tanto, el de los predescubrimientos transpacíficos de América del Sur.

Al–Juarzimi  tenía a su disposición la biblioteca de Dar-al-Hikma, la mejor del mundo árabe, que era a la vez el mayor imperio de su época y también el más culto. Bagdad estaba en buenas relaciones comerciales con la India, con la China y con el Mediterráneo; podía haber heredado conocimientos y tradiciones de los tres lados. “¿Qué conocimientos? ¿Qué tradiciones?”, se pregunta Paul Gallez.

Henricus Martellus trabajaba en Florencia y en Roma en el siglo XV. Florencia y Venecia monopolizaron el comercio de las especias con Alejandría durante gran parte de la Edad Media. La Santa Sede recibía informes periódicos de las misiones franciscanas de la China de los siglos XIII y XIV, de Rubruquis (*)  a Montecorvino (**). Estos informes también  podían contener informaciones útiles [Jean-Paul Roux: Les explorateurs au moyen-âge. Paris, Seuil 1961].

Y así llegamos a formular tres hipótesis: una china, una fenicia y otra egipcia.

(*) Rubruquis es el nombre que dan en latín y español a Willem Ruysbroeck (literalmente Guillermo de la Marisma con Juncos), un franciscano flamenco que fue enviado con recomendación del Rey Luis IX (San Luis) de Francia a Karakorum, capital de los Tártaros a los que conoció en su ambiente, pero vistos a través del cristal cristiano.

(**) Célebre arzobispo franciscano de Khambalik (Pekín) en los primeros años del s. XIV. Nació en 1247 en Montecorvino Rovella, provincia italiana de Salerno. Vistió el hábito franciscano y viajó por Armenia y Persia y llegó a Pekín en 1294. Durante más de diez años permaneció solo e incomunicado con sus hermanos de Europa, pero en 1305 halló  ocasión para escribirles y comenzaron a llegar sus cartas. Murió en 1238 a la edad de 81 años. Había trabajado en Pekín durante 34 años [Gran Enciclopedia Rialp (GER), Madrid, 1979].  

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